|
|
 |
Los jugadores bilbaínos, cabizbajos tras encajar un gol.
(Foto: Uefa.com)
|
El Athletic se inmola en Bruselas y dice adiós al sueño europeo
ATHLETIC | jueves, 25 de febrero de 2010
Hamburgo queda ya demasiado lejos para este Athletic, que ayer hincó la rodilla de manera humillante en el Constant Vanden Stocken. Y es que hay formas y formas de perder. Los de Caparrós han salido de Europa por la puerta de atrás, sin oponer resistencia a un Anderlecht que les pasó por encima y que les superó también en todo aquello en que el Athletic nunca puede ser inferior: actitud, ganas, implicación, pelea... El rotundo 4-0 y la eliminación resultan dolorosos, pero aún duele más sucumbir sin dar la cara en presencia de los cerca de 1.500 aficionados rojiblancos que desafiaron la amenaza de los ultras fascistas para arropar a su equipo en Bruselas.
Desde el punto de vista del Athletic, el partido no hay por donde cogerlo. Los de Caparrós fueron ayer un producto 'sin': sin ideas, sin intensidad, sin actitud, sin criterio, sin sentido táctico, sin coraje, sin personalidad, sin acierto, sin orgullo y sin suerte. En definitiva, un lamento de equipo que le puso la eliminatoria en bandeja al Anderlecht. Aún no se habían alcanzado los cinco primeros minutos de juego cuando Lukaku aprovechó un despiste de Castillo para adelantar a los locales en el marcador, con un disparo seco que se coló entre las piernas de Gorka Iraizoz. En un fatal error de coordinación, el lateral de Durango se quedó enganchado varios metros y habilitó a la joven perla belga, que culminó así una buena combinación en ataque de su equipo.
El Athletic, que sorprendentemente había salido sin la tensión necesaria en un choque de alto voltaje, trató de reaccionar y a punto estuvo de enmendar el desaguisado inicial en una acción que tal vez pudo resultar determinante. Corría el minuto 10 cuando Llorente caracoleó con habilidad dentro del área y cedió a la izquierda para Yeste, que se entretuvo en exceso y permitió que Proto repeliese desde el suelo su remate. Incluso en una noche como la de ayer, quién sabe si el partido hubiese tomado un rumbo diferente de haber atinado en este claro mano a mano. Es de suponer que la confianza y la disposición de los leones habría sido bien distinta si hubieran conseguido reaccionar de inmediato igualando la eliminatoria.
Pero la respuesta del conjunto bilbaíno no fue más allá. Los de Caparrós apenas acertaron a jugar con un poco de sentido durante unos minutos, insuficientes en todo caso para hacer dudar a un Anderlecht que no tardó en recobrar la iniciativa. En el 22, Gorka atrapó sin demasiados apuros un potente zapatazo de Bossoufa y, cuatro minutos después, los locales pusieron más tierra de por medio en otra jugada desgraciada de la defensa vasca. Lukaku centró desde la derecha y San José introdujo el balón en su propia puerta al intentar despejarlo. Segunda concesión y segundo gol para el cuadro de Ariel Jacobs.
El Athletic parecía otra vez un barco a la deriva que hacía aguas por todas partes. La defensa era un manojo de nervios que fallaba más de la cuenta. El centro del campo, con los dos pivotes excesivamente retrasados en su afán por ayudar a los centrales, jugaba en inferioridad a la hora de intentar capear el temporal y no encontraba tampoco argumentos para dar salida al equipo con un mínimo de criterio. En semejante escenario, no era de extrañar que el conjunto bilbaíno no volviese a dar señales de vida en ataque durante demasiado tiempo. Un remate de cabeza de San José, que se marchó ligeramente desviado por encima del travesaño, fue todo el bagaje ofensivo del Athletic en esa fase del encuentro.
El Anderlecht, sin hacer nada del otro mundo, estaba crecido y controlaba la situación a su antojo. Los de Ariel Jacobs ganaban la mayoría de las disputas y recogían casi todos los rechaces frente a un Athletic descolocado, espeso y arrugado. Hubo que esperar a la recta final de la primera parte para ver a los leones estirarse de nuevo con cierta desenvoltura. Ya en tiempo de prolongación, con el equipo bilbaíno achuchando a balón parado, Fernando Llorente remató fuera cuando disfrutaba de una buena opción para marcar. En cualquier caso, el árbitro ya había anulado la jugada por una supuesta falta en ataque. Sin ánimo de justificar en lo más mínimo el paupérrimo rendimiento del Athletic, se hace obligado denunciar la inaceptable actitud del colegiado austriaco Thomas Einwaller, que, al igual que ocurrió con su colega en el choque de ida, dio barra libre a los centrales del Anderlecht para frenar a Llorente con toda clase de malas artes. Está claro que el Athletic y el propio fútbol tienen un problema con este lamentable criterio arbitral. Además, el trencilla no midió a los dos equipos por el mismo rasero a la hora de aplicar medidas disciplinarias.
MAZAZO PSICOLÓGICO
El segundo acto empezó como había acabado el primero, con el Athletic un poco más enchufado tratando desesperadamente de recortar distancias en el marcador. Para reforzar ese propósito, Caparrós había dado entrada a Iker Muniain en sustitución de Pablo Orbaiz, pero todas las expectativas de remontar la eliminatoria se vinieron abajo a los cuatro minutos de la reanudación. Otra vez un mazazo justo en el momento más inoportuno. Otra vez la maldición del arranque de las segundas partes. Los bilbaínos se metieron en la cueva para defender una falta y, entre Javi Martínez y Gorka, permitieron que Juhasz les ganase la partida en el área pequeña para rematar con el hombro una pelota que ya descendía.
El tercer gol dio aún mayores bríos al Anderlecht y hundió definitivamente al Athletic. A pesar de que Caparrós echó mano de Óscar de Marcos e Igor Gabilondo para intentar una misión que parecía ya casi imposible, el equipo no fue capaz de reencontrarse a sí mismo en ningún momento. Quizás porque no fue la noche de los hombres que tenían que tirar del carro. Fran Yeste, excesivamente lento y fallón, naufragó por su banda y no supo arrojar un poco de luz al juego del equipo cuando, tras el descanso, ocupó el puesto de Orbaiz en el doble pivote de la medular. Javi Martínez no tuvo apenas presencia en el partido, y esa es una licencia que este Athletic no se puede permitir. Fernando Llorente, desabastecido de buenos balones durante casi todo el choque, se fue apagando hasta acabar borrándose del mapa. Y tampoco Andoni Iraola, que no se prodigó en ataque por su banda, asumió la responsabilidad de liderar la tropa.
Para colmo de males, Iker Muniain se lesionó a las primeras de cambio después de que Biglia le propinase un alevoso rodillazo en el muslo. Al colegiado austriaco se le debieron perder las tarjetas. De otro modo, no se entiende que no pusiera coto a la innecesaria fogosidad de los jugadores belgas, que, con la eliminatoria ya prácticamente sentenciada, siguieron repartiendo estopa de lo lindo.
Boussoufa pudo matar la contienda en el minuto 60, pero no acertó a resolver su mano a mano con Gorka, que acabó rechazando con el pie el remate del atacante del Anderlecht. El que sí lo hizo fue Legear, que ocho minutos más tarde levantó a los aficionados locales de sus asientos al firmar un auténtico golazo. El delantero belga recibió una falta sacada en corto y engatilló un formidable cañonazo que se clavó en la red, cerca de la escuadra izquierda de Gorka.
De ahí hasta el final, el partido fue una tortura para el Athletic. Un disparo forzado de Gabilondo desde fuera del área que salió rozando el travesaño y un cabezazo franco de Óscar de Marcos a pase del propio Gabilondo, que el de Laguardia remató mal en boca de gol, fue todo lo que dio de sí el frustrado intento de los leones por maquillar su imagen. Quedaban demasiados minutos de la basura para sufrir con un Athletic desbordado, entregado y tremendamente impreciso, al que la suerte castigó de manera implacable en algunos momentos clave del encuentro. En cualquier caso, el Anderlecht fue muy superior hoy en intensidad y físico al conjunto bilbaíno.
Tampoco Joaquín Caparrós tuvo un día precisamente lúcido. Resulta cuando menos cuestionable su decisión de alinear a Xabi Castillo en detrimento de Koikili, máxime teniendo en cuenta que todo hacía presagiar un choque cargado de electricidad, ideal para las características de un gladiador como el de Otxandio. Pero, sobre todo, se echó en falta un plan B por parte del técnico ante el manifiesto fracaso del juego directo en busca de Fernando Llorente, al que los centrales belgas y los colegiados han hecho la vida imposible en esta eliminatoria. Fin al sueño europeo. Otro año será, y pronto además. Que a nadie le quepa la menor duda.
ANDERLECHT: Proto; Gillet, Mazuch, Juhász, Deschacht; Van Damme, Kouyaté (Sare, min.73), Biglia; Legear (Suárez, min.80), Boussoufa y Lukaku (De Sutter, min.66).
ATHLETIC: Iraizoz; Iraola, San José, Amorebieta, Castillo; Susaeta, Orbaiz (Muniain, min. 46 / Gabilondo, min.58) , Javi Martínez, Yeste; Toquero (De Marcos, min. 52) y Llorente.
GOLES: 1-0 Min. 4: Lukaku culmina con un disparo raso una buena combinación de los locales. 2-0 Min. 26: San José marca en propia puerta al desviar un centro de Lukaku. 3-0 Min. 49: Juhasz remata de cerca a la red tras adelantarse a Javi Martínez y Gorka. 4-0 Min. 68: Legear anota desde fuera del área con un tremendo zambombazo.
ÁRBITRO: Thomas Einwaller (Austria). Mal. Mostró tarjeta amarilla a los locales Deschacht y Lukaku, y a San José, Yeste y Amorebieta por parte del Athletic.
INCIDENCIAS: Unos 19.500 espectadores en el Constant Vanden Stock, con cerca de 1.500 aficionados del Athletic, que dieron un ejemplo de corrección, deportividad y apoyo incondicional a su equipo. Noche fresca y húmeda, y terreno de juego en malas condiciones. Partido de vuelta de dieciseisavos de final de la UEFA Europa League. El fuerte dispositivo policial evitó posibles incidentes dentro del estadio, si bien en las horas previas al choque las fuerzas de seguridad detuvieron a unos 50 ultras tras una concentración neonazi. En la víspera, un grupo de jóvenes fascistas agredieron a dos aficionados del Athletic en pleno centro de Bruselas.
|
|
|